Durante la época de las primeras revoluciones obreras, a mediados del siglo 19 surge el socialismo planteado por Proudhon. Este planteaba que el estado tenía que cumplir un papel muy importante en el control de las principales empresas, tenía que controlar en general a las nuevas industrias que estaban surgiendo en las ciudades y que estaban atrayendo a muchos trabajadores del mundo rural hacia el mundo urbano. Este socialismo fue rápidamente calificado de socialismo utópico por Marx y Engels. Ellos planteaban que era necesario establecer un gobierno absolutamente igualitario controlado totalmente por el Estado, donde exista un paraíso socialista bajo el principio: “De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades”. El socialismo de Marx y Engels fue aplicado por primera vez en la Unión Soviética, reinterpretado por Lenin con el Marxismo-Leninismo. En 1917 Lenin toma el control de la antigua Rusia Zarista y crea La Unión De Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Bajo el Comunismo Soviético, el Estado toma el control total de la vida económica, política y cultural del individuo. De esta forma se le enseña al pueblo solamente lo el Estado Socialista impone, adoctrinándolos con la enseñanza Marxista-Leninista. Ni la radio, ni la televisión, ni la prensa, ni las escuelas pueden lograr salir del control centralizado del Estado.
El partido único lo controla todo y desaparece cualquier iniciativa privada. Después de la Segunda Guerra Mundial surge un nuevo Socialismo en Europa inspirado en la ideóloga alemana Rosa Luxemburgo, un Socialismo democrático, sindicalista y donde el Estado lleva el control sobre empresas consideradas estratégicas, como el trasporte público, la industria militar, la industria de la energía y todas las empresas privadas, por medio de los impuestos y legislaciones que favorecen sobre todo la empresa sindical.
Marx pensaba que la tierra y el capital debían pertenecer a la comunidad y que los productos del sistema debían distribuirse en función de las distintas necesidades. Esto ataca el principio fundamental del capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción.
El socialismo comienza a generar algunas distorsiones, desalentando la creatividad e iniciativa privada y las nuevas ideas para mejorar la producción, frenando el ingenio de los empresarios y su laboriosidad, generando incompetencia, burocracia, deficiencia en los servicios de orden público, malestar social y descontento general. Todo esto lleva al fracaso del Socialismo en Europa dando paso a los gobiernos demócratas cristianos donde se alienta la iniciativa privada, generando riqueza y bienestar. A esto le sigue una nueva ola de tendencias socialistas que ya no traen una propuesta o reforma económica pero si una gran libertad para la iniciativa privada. Esto a su vez genera en muchos casos indiferencia del gobierno frente a la prepotencia de grandes empresarios donde los trabajadores no cuentan con un sistema de protección adecuado o seguro.
En América Latina ocurre algo diferente, ya en la década de los 90, donde la atracción de capital extranjero, la inversión privada, las reformas liberales y la venta de las empresas públicas genera por un lado un dinamismo económico importante pero por el otro lado una injusta distribución de las riquezas. El descontento que esto genera sobre todo en los sectores marginados y pauperizados lleva al surgimiento de partidos de izquierda o autodenominados socialistas que prometen una profunda reforma social y muchos beneficios para la clase más pobre. Estos partidos socialistas son muy nacionalistas y manifiestan su reacio o critica a la inversión extranjera. También proponen la nacionalización de empresas privadas y la retoma del control de las empresas estratégicas. Los gobiernos donde estos partidos socialista, ya sea por medio de una revolución o pacíficamente, han obtenido el poder se caracterizan por ser muy autocráticos, o sea que a pesar de que conservan algunas formas democráticas toman el control de distintas instancias del gobierno, generando constituyentes, llevando a cabo reformas, diseñando nuevas constituciones para de esta forma atribuirse poderes que limitan el ejercicio auténtico de la democracia, convenciendo y adoctrinando al pueblo por resortes emocionales y no por recompensas económicas.
Después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 comienza una etapa de muchos cambios revolucionarios para el establecimiento del Socialismo y por otro lado la inevitable reacción de descontento e ira de los que resultaron desfavorecidos y dañados con la Revolución, quienes en su mayoría logran emigrar hacia los Estados Unidos.
La nacionalización de las empresas nacionales y extranjeras, la toma del aparato productivo y la abolición de la propiedad agraria, la industrialización forzosa del país, la aleación con países de gran poder económico como la URSS para utilizarlo como subsidio económico, la expansión de la salud, la educación y las prácticas deportivas, la toma de los medios de comunicación, el establecimiento de un gobierno de partido único dotado de una metodología eficaz para el control y la represión, y la creación de instituciones para mantener el control de la sociedad y mantener el orden y la obediencia a la manera soviética, donde el partido, el aparato administrativo, los militares, la policía, la prensa, los jueces y fiscales, todos los órganos del gobierno, el sistema judicial y la constitución están subordinados al Estado y al criterio de los hermanos Castro fueron los primeros cambios fundamentales introducidos por la Revolución. La justicia dejó de ser autónoma e independiente por lo que el estado se convirtió en un gran latrocinio dando paso al surgimiento de un régimen totalitario.
Grupos extremistas reaccionarios, organizados en los Estados Unidos conformaron el lobby cubano de ultraconservadores que en gran medida apoyaron financieramente a muchos diputados republicanos en su lucha por detener la implantación del Socialismo en Cuba.
La lucha de estos grupos, apoyados por el gobierno de Estados Unidos, no se hizo esperar.
La organización de varios intentos de asesinato contra Fidel Castro, actos brutales de terrorismo, la aprobación de medidas y leyes para aislar a Cuba, el corte del suministro de petróleo, el rechazo de créditos, la prohibición de refinación de petróleo en Cuba de las refinerías norteamericanas, la reducción de la cuota azucarera, la supresión de venta de partes y piezas a las empresas cubanas cuando la mayoría de estas empresas eran de tecnología americana y la eliminación total de negocios y relaciones económicas de los Estados Unidos con Cuba cuando el 70% del comercio de Cuba, sobre todo la industria azucarera, dependía de los Estados Unidos, y la prohibición de exportaciones a Cuba de productos o equipos si estos tiene más de un 10% de componente norteamericano son tan solo un ejemplo de los grandes errores de la oposición fuera de Cuba.
Estos errores y la política de los Estados Unidos hacia Cuba en vez de ayudar al pueblo de Cuba terminaron por ser la cuartada perfecta y el arma de Fidel Castro para fortalecer y respaldar sus ideas socialistas y adoctrinar al pueblo, convirtiendo al los Estados Unidos o al Capitalismo en general en el gran enemigo de Cuba y esto era justamente lo que necesitaba Fidel para mantenerse en el poder. Recordemos por un momento a Carl Schmitt, el gran jurista, quien convenció a Adolf Hitler con la idea de que para mantenerse en el poder tenía que crear un enemigo, y ese enemigo fueron los judíos.
Fidel Castro así como muchos de sus seguidores continúan usando el concepto Capitalismo de forma peyorativa como chivo expiatorio en la propaganda anticapitalista o antiliberal, y como una generalización sobre cualquier posición que estableciera límites a la intervención del Estado en la economía y el control total de la sociedad por el Estado Socialista.
El carácter autoritario del partido, el unipartidismo y la falta de una oposición clara degeneró hacia una posición dictatorial con una adoración extrema al líder máximo, Fidel Castro.
Los opositores inconformes, en su mayoría activistas pacíficos, escritores y periodistas, viven un ambiente de terror interno con limitaciones en la vida pública del país. Estos opositores pierden sus trabajos, les cortan o les interceptan las líneas telefónicas, les confiscan los libros, las computadoras o máquinas de escribir, les lanzan las llamadas turbas contra sus casas con actos de repudio y los encarcelan. La táctica solapada que utiliza el gobierno cubano para controlar de forma absoluta todos los medios de comunicación dentro del país dan la sensación de que la única oposición existente es la mantenida desde el exterior rechazada por el conjunto de la sociedad.
Vale la pena aclarar que algunos de estos opositores han sido muy radicales en su lucha y han cometido errores que afectan la imagen de otros que de forma inteligente y valiente establecen una lucha muy pacífica y con marcados resultados.
El gobierno cubano cataloga a los disidentes como terroristas al servicio del enemigo o contrarrevolucionarios que reciben grandes cantidades de dinero por servir a los Estados Unidos. Sin embargo, la Declaración Universal De Los Derechos Humanos en su Artículo 23 dice:
“Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social”.
José Martí también dijo:
“Quien regala el sudor de su frente tiene alma de esclavo”.
Si los opositores o disidentes dentro de Cuba reciben algún pago o ayuda monetaria del exterior o interior del país, es simplemente porque se les reconoce su trabajo y porque legalmente el gobierno cubano no permite la labor organizada de personas que estén en contra del gobierno y la creación de otros partidos políticos, por lo tanto no pueden organizar sindicatos legales u organizaciones que regulen las contribuciones, pagos, salarios o remuneración alguna por el trabajo de estos disidentes.
Hoy en día se puede decir con gran certeza, que el Socialismo en Cuba fue una inesperada catástrofe para muchos cubanos y un desmesurado y escalofriante triunfo personal para Fidel.
La nación cubana dejó de prosperar económicamente y se hizo pobre e improductiva, a pesar del subsidio masivo de los soviéticos durante más de 30 años. La calidad de vida de los cubanos disminuyó considerablemente y las condiciones de vida se deterioraron, la clase empresarial se destruyó y dispersó, se aniquiló el capital acumulado, los lazos comerciales con el occidente se destruyeron así como los cinco reglones más importantes de una sociedad moderna: la alimentación, la vivienda, el agua potable, la comunicación y el transporte.
La planificación empresarial y la débil economía colectiva fue incapaz de satisfacer las necesidades más elementales de las personas y el control ideológico y político se adueñó de la voluntad y la vida social de los deportistas, artistas y profesionales más destacados.
La Cuba de hoy refleja claramente el choque inevitable de dos realidades: por un lado el afán ciego de un gobierno obstinado que trata de mantener su propio modelo socialista, con un odio sin fronteras al capitalismo o todo tipo de manifestación antisocialista y una adicción desmedida a caducadas doctrinas e ideologías revolucionarias, y por otro lado un pueblo censurado que padece, sufre y gime en silencio, un pueblo que desea una verdadera libertad, sin imposiciones de dogmas, sin adoctrinamiento ideológico, sin censura, sin represión y sin miedo.
Quisiera terminar esta breve reflexión con una cita del poeta y escritor francés Victor Hugo.
“La libertad es, en la filosofía, la razón; en el arte, la inspiración; en la política, el derecho.”